
La siguiente definición es tan completa y tan poética que no puedo evitar copiarla, espero que Lot comprenda que por mucho que me esfuerce no podré expresar qué es programar con tanta claridad y con tantos matices como él lo ha hecho:
"Programar es cómo dar vida a algo. Construir un ente que puede comunicarse con las personas sin que tú estés presente, que puede separarse de ti, y continuar su camino.
Digan lo que digan, programar es bonito. Es una actividad que requiere de inteligencia, conocimiento y creatividad. Sí además programas algoritmos visuales como con processing, ejecutar el resultado se convierte en contemplar como un rayo cae desde una torre y da vida a un pequeño frankenstein. Puedes observarlo y comprender casi con todo detalle su comportamiento.
En cambio, cuando te pasas tres días contemplando la misma maldita línea tratando de entender donde se encuentra un error, la experiencia se vuelve de lo más desesperante y diferente a cualquier otra experiencia del mundo real. Sólo deseas que el rayo de la torre caiga sobre tu espina dorsal y te fulmine lo más pronto posible.¡Ufff!", (Lot en fe en el caos)
Hace días unos días veíamos a
Casey Reas, creador junto a Roger Fry de
processing, uno de los más extendidos entornos de programación utilizados con fines artísticos. Casey Reas también trabaja como artista. Su obra personal tiene un fuerte contenido estético creando formas en movimiento. Hay un intenso formalismo en todos sus proyectos.
Este "formalismo digital" engloba el trabajo de muchos artistas digitales pero no el de todos, por ejemplo, en la entrada anterior dedicada a
Jeremy Bailey veíamos una propuesta humanista en la que las formas, muy simples, círculos, cuadrados, triángulos, no están desarrolladas como tales sino como testigos y muestras de la relación hombre-ordenador-red. Gracias al estilo jocoso de Bailey más próximo al espíritu dadá que al surrealista podemos reconocernos en uno de nuestros actos cotidianos más privados y, al mismo tiempo, más social: nuestro comportamiento digital.
Lot representa otra tendencia artística dentro de la programación: la del activismo social. Esta manera de enfocar el arte, aún siendo la más contaminada o quizá por ello, me parece muy interesante, quizá la que más. Los retos son altísimos ya que la contaminación determina más que la influencia porque produce inesperados e incontrolables cambios mientras un arte cercano al formalismo es más previsible.
Llamo contaminación artística a la introducción de elementos ajenos al propio medio como puedan ser la política, lo social, la justicia o el arte popular. Este tipo de contenidos han sido muy criticados por los historiadores y teóricos del arte pero como bien muestran muchos artistas que trabajan dentro del activismo social, el arte, cuando lo es, no conoce limitaciones ni obedece a ninguna restricción.